El Nietzsche
que Feinmann nos presenta es un poco extremista, racista. Los rubios eran
buenos en el inicio, y los negros, malos. Luego vino la inversión de valores de
Cristianismo. Ahora ya no sabemos que es es lo bueno y lo malo, o sí lo
sabemos: son palabras que inventaron los poderosos y los débiles para pesar los
valores. Sólo que los buenos de los nobles son los fuertes y los crueles y los
de los débiles los de corazón manso.
“Dios ha
muerto” es el fin de la metafísica y el mundo platónico.
¿Nietzsche inspirador del nazismo? Puede ser.
No se si se
puede citar textualmente al loco de Turín. Su filosofía es simbólica y
afirmante de la diferencia: no tiene fuerzas reactivas, y por lo tanto no
necesita de un enemigo para afirmarse. Hay un Leviatán que se opone a los
sentimientos vitales de la nobleza rubia y conquistadora y oprime con su
culturalización. ¿Debemos rendirle tributo a ese demonio civilizador? Este
psicólogo, filólogo, musicólogo, filósofo y genealogista no nos ofrece
respuestas tranquilizadoras.
El
desierto que avanza sobre la ciudades es
la figura nihilista. Dice que está más allá del bien y del mal. No es inmoral,
es amoral. Si lo bueno puede ser malo y lo malo bueno dependiéndolo de quien lo
diga, entonces, en ese punto, estamos más allá de esos valores. El filósofo
debe ser creador de valores, nuevos valores para el superhombre, destino final
de esta cuerda sujetada sobre el abismo que busca su ocaso.